Mundial Sudáfrica 2010

Un 'Bafana' cuarentón

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11/06/2010

Llegó el día de África, el momento soñado por Nelson Mandela, el Premio Nóbel de la Paz que se apaga lentamente, con la misma cadencia con la que avanza el continente negro. Madrileño con sangre polaca por parte de padre, huido de la barbarie soviética, confieso que me siento un sudafricano más y que deseo el éxito de los 'Bafana Bafana'. Eso sí, creo que jamás podría residir ni siquiera en Sandton, el cogollo rico del paupérrimo Johannesburgo, el paraíso de la criminalidad.

Me podrían comparar con Booth, aunque el central blanco de los 'Bafana' me saca algún centímetro de estatura y, sobre todo, un par de espaldas de ancho. Esta gente me ganó para la causa desde la pasada Copa Confederaciones por su cariño, su simpatía, su sonrisa eterna, su hospitalidad y su inmensa grandeza. Tienen muy poco, apenas nada, pero te le ofrecen todo con una hospitalidad que pone los pelos como escarpias. Desde la limpiadora del hotel hasta el voluntario más desfavorecido, todos se vuelcan con el viajero.

El país, empero, es un puro caos, impensable como organizador de un Mundial del siglo XXI. Los atascos se hacen eternos, el estrés va en aumento. Paciencia y ansiolíticos, siempre bajo prescripción médica. Los autobuses se transforman en improvisados centros de prensa...Hay robos, asaltos, un índice brutal de criminalidad, 50 asesinatos diarios y una tasa de sida que afecta al 20% de la población sin que, aparentemente, se ponga remedio.

A cada paso, algún hombre escuálido, lastrado por el virus letal, se acerca a pedirte limosna. Siempre con una mueca sonriente, la sonrisa de la muerte lenta, del final del sufrimiento. Agotados, sin comida, pero con una bandera de Sudáfrica y resuello para soplar la vuvuzela, esa trompeta que imita las bocinas de los viejos trenes de vapor. Sudáfrica ya disfruta de su Mundial, seguido en todo el planeta por unos 500 millones de telespectadores. Cientos de miles de aficionados aburguesados, maestros del sillón-ball a los que hay que hacer entender que África también existe, y nos necesita. El tercer mundo, y Sudáfrica es un lujo comparado con sus vecinos, se ríe de la crisis europea. Ya sé que es demagogia, pero hablar de déficit público, de reforma laboral o de la reducción del sueldo de los funcionarios, es un chiste comparado con lo que se observa por aquí. Conviene conocer estos lugares para valorar lo que se tiene.

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Ignacio Tylko

Ignacio Tylko rss

El enviado especial a Sudáfrica nos cuenta en primera persona las vivencias y el ambiente que se vive en la zona con la llegada del Mundial

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